Vive y Deja Vivir
- 1 mar
- 2 Min. de lectura
Cuando inicié el colegio y me encontré con todo el drama, los chismes y los conflictos que parecían repetirse cada semana, lo primero que pensé fue: “Qué pereza que todos los años vayan a ser igual de tóxicos y llenos de presión social”. Aun así, me aferré a la esperanza de que algún día todo cambiaría.
Cinco años después puedo decir que, en esencia, nada ha cambiado. Incluso podría afirmar que cada año el ambiente se ha vuelto más pesado, con retos sociales distintos y cada vez más complejos. Sin embargo, algo sí ha cambiado: yo.
Con el tiempo he aprendido, poco a poco, a dejar atrás lo que la gente ha dicho, dice y siempre dirá de mí. Porque la verdad es que las opiniones nunca se detienen; lo que sí puede cambiar es cuánto poder les damos sobre nuestra vida. No es fácil rodearse de personas a las que les gusta hablar, criticar o inventar historias. A veces duele, a veces cansa, a veces pone a prueba tu seguridad y tu carácter. Pero mantenerse enfocada es un acto de amor propio.
Hace unos días, mi psicóloga del colegio, Mónica, me dijo algo que se me quedó grabado: “No deje que nada de lo que los demás digan de usted la afecte”. Y aunque suene sencillo, vivirlo requiere valentía. Requiere decidir todos los días que tu paz vale más que un comentario malintencionado.
Este es mi último año de colegio, y he decidido que lo voy a disfrutar. Que voy a brillar aunque algunos intenten apagar mi luz. Que no voy a permitir que el ruido externo sea más fuerte que mi voz interna.
Y si eres de esas personas a las que les gusta hablar sin pensar en los sentimientos de los demás, quiero invitarte a reflexionar: ¿cómo te beneficia estar tan pendiente de la vida ajena? ¿Qué vacío intentas llenar señalando los errores de otros? Porque algo que he aprendido es que cada quien es responsable de su propia vida. No hay necesidad de comentar de forma negativa sobre el camino de alguien más.
Las palabras tienen peso. Pueden afectar profundamente la salud mental de otros, pero también dicen mucho sobre quien las pronuncia. Claro, todos en algún momento hemos compartido un chisme o hemos criticado (yo también lo he hecho). Somos humanos. Pero hay límites. Y crecer también implica reconocer cuándo estamos cruzando una línea.
Tal vez deberíamos invertir más tiempo en trabajar nuestros propios defectos que en señalar los de los demás. Nada se gana siendo grosero, nada se construye juzgando. En cambio, cuando decides enfocarte en mejorar, en sanar y en crecer, tu energía cambia… y tu vida también.
Así que vive y deja vivir. Brilla sin pedir permiso. Y como dice Taylor Swift:
“Ask me why so many fade, but I’m still here.”
Porque al final, el ruido siempre se desvanece. Los comentarios pasan, los rumores cambian de dirección, las personas que viven señalando a otros eventualmente se apagan. Pero la autenticidad permanece. La constancia permanece. La gente que se enfoca en crecer en lugar de criticar… permanece.
Algunos hablan. Otros brillan. Algunos se desgastan intentando opacar. Otros simplemente siguen avanzando.
Y yo elijo ser de las que se quedan. 💫





Así es Isa. Y Siempre Recuerda que Cuentas con Nosotros y, sobre Todo, con DIOS. Si EL Está Contigo, Nadie Podrá en Tu Contra. TE AMO!
Wow, Isa que bello está tu blog y muy cierto. No tomarse todo a personal y crecer 💜
Un mensaje súper bonito, nuncaa dejes de cuidar ese corazón tan lindo que tienes!
Excelente 🙏🙌felicidades Isa sigue brillando 😘Dios te bendiga 🥰
Me encanta leer tus publicaciones, eres inspiración para muchas, contándome a mí, me gusta tu manera de ver las cosas. Espero poder crear un blog pronto, ¡el tuyo me ha motivado un montón!